-No estás sola, nunca lo estarás.
Me dijo mientras preparaba el chocolate, lo calentaba suave en un fogón y lo agitaba con una cuchara de madera, sacó dos tazas, apagó el fuego y vertió el chocolate en ellas, las puso encima de la mesa y se sentó a mi lado.
Yo seguía mirando al suelo sin articular palabra alguna a veces unas lágrimas de rabia resbalaban por mis mejillas.
-No llores -Continuó sonriendo- La vida da muchas vueltas, ahora eres pequeña, y las cosas están muy difíciles, en vez de encender el televisor y echar a perder su vida se centran en desmoralizar a los demás, nadie merece que derrames lágrimas, eso es lo que buscan, no les des la satisfacción de ganar, mira hacia delante, será cuestión de un par de años o poco mas que seas tu la que les mires desde arriba y sonrías y les enseñes lo feliz que eres.
Dio un sorbo al chocolate y yo hice lo mismo. Levanté la cabeza mirándole a la cara, sus profundos ojos me miraban, su cara tenía arrugas, se notaba que ya sobrepasaba los 60 años, tenía experiencia y hablaba desde ella, había vivido mucho en su vida, sus palabras me hicieron sonreír. Di otro trago al chocolate, este fue largo y con decisión. Me levanté y le abracé alguna lágrima rondaba aún mis mejillas conseguí articular un cortado "Gracias".
Tenías razón, ahora sonrío, ahora les miro y les doy las gracias por hacerme fuerte y te doy las gracias a ti por seguir adelante, ahora que me faltas tu es cuando mas tengo que hacerte mayor caso, te echaré de menos sí... Jamás te olvidaré.
SONREIRÉ Y MIRARÉ HACIA DELANTE.
Susurros vacíos... que buscan llenarse.
jueves, 25 de septiembre de 2014
¿Y qué?
Fumar en las esquinas. Ver como pasan los coches desde arriba. Calada tras calada. Sentir tranquilidad, silencio en la ciudad, y suspirar...Buscar rincones para tocarnos. Buscar ruido, paredes, sitios vacíos. ¿Y qué si nos veían? ¿y qué si cuchicheaban? ¿y qué?
Pocas cosas importaban, solo tu cuerpo y el mío, el humo y la respiración agitada.
Cerrar los ojos y sentir.
Pocas cosas importaban, solo tu cuerpo y el mío, el humo y la respiración agitada.
Cerrar los ojos y sentir.
miércoles, 17 de septiembre de 2014
Diferentes caminos.
¿Nunca te has preguntado que sentido tienen las cosas?
¿Por qué pasa esto y aquello?
Sabes que eres víctima de una sucesión de cambios que ocurren a tu alrededor, en los que a veces eres la principal causante y otra no tienes prácticamente nada que ver, pero te afectan.
Todo esto se resume en el ecológico de Bronfenbrenner. Os preguntaréis que clase de mierda impronunciable es eso, pues nuestro día a día, las causas de lo que somos.
Hay un macrosistema, un exosistema, un mesosistema, y un microsistema, y en el centro de todo ello nos encontramos nosotros, una pequeña parte de lo que es nuestra vida.
Vamos de lo general a lo particular.
Nuestro primer condicionamiento corresponde a los macrosistemas, esto serían nuestros valores, nuestro estilo de vida, la sociedad en la que vivimos, la cultura, el estado...
El segundo sería el exositema, los medios de comunicación, nuestro propio trabajo o estudios, las empresas más influenciables...
El tercero el mesosistema, serían relaciones indirectas con diferentes personas, en nuestra clase, en nuestro puesto de trabajo, en un bar un fin de semana, y como esas relaciones entre esas personas y otras de nuestro mismo entorno nos influyen.
Y por último el microsistema, lo más cercano a nosotros y nosotros mismos, lo que más nos influye de forma primaria, puede ser tu padre o tu madre, o tu hermano mayor, tu abuela, tu pareja, tu mejor amigo o amiga....
Y cuando te pones a pensar todo esto piensas en lo compleja que es nuestra existencia, que un mínimo cambio de alguno de esos sistemas podría cambiar por completo nuestra vida, tan solo un pequeño cambio.
Lo divertido es imaginar como cambiaría nuestra vida si cambiamos diferentes factores.
¿Y si viviera en Uganda?
¿Y si fuese musulmana?
¿Y si fuese de otra condición sexual?
¿Y si fuese un hombre?
¿Y si hubiese estudiado en un colegio privado y católico?
¿Y si estuviese estudiando medicina?
¿Y si no tuviese madre?
Cuantas variables de una misma vida, cuantas historias posibles para una misma persona... Cuantos caminos para tomar, y cuantas oportunidades de equivocarse...
¿Por qué pasa esto y aquello?
Sabes que eres víctima de una sucesión de cambios que ocurren a tu alrededor, en los que a veces eres la principal causante y otra no tienes prácticamente nada que ver, pero te afectan.
Todo esto se resume en el ecológico de Bronfenbrenner. Os preguntaréis que clase de mierda impronunciable es eso, pues nuestro día a día, las causas de lo que somos.
Hay un macrosistema, un exosistema, un mesosistema, y un microsistema, y en el centro de todo ello nos encontramos nosotros, una pequeña parte de lo que es nuestra vida.
Vamos de lo general a lo particular.
Nuestro primer condicionamiento corresponde a los macrosistemas, esto serían nuestros valores, nuestro estilo de vida, la sociedad en la que vivimos, la cultura, el estado...
El segundo sería el exositema, los medios de comunicación, nuestro propio trabajo o estudios, las empresas más influenciables...
El tercero el mesosistema, serían relaciones indirectas con diferentes personas, en nuestra clase, en nuestro puesto de trabajo, en un bar un fin de semana, y como esas relaciones entre esas personas y otras de nuestro mismo entorno nos influyen.
Y por último el microsistema, lo más cercano a nosotros y nosotros mismos, lo que más nos influye de forma primaria, puede ser tu padre o tu madre, o tu hermano mayor, tu abuela, tu pareja, tu mejor amigo o amiga....
Y cuando te pones a pensar todo esto piensas en lo compleja que es nuestra existencia, que un mínimo cambio de alguno de esos sistemas podría cambiar por completo nuestra vida, tan solo un pequeño cambio.
Lo divertido es imaginar como cambiaría nuestra vida si cambiamos diferentes factores.
¿Y si viviera en Uganda?
¿Y si fuese musulmana?
¿Y si fuese de otra condición sexual?
¿Y si fuese un hombre?
¿Y si hubiese estudiado en un colegio privado y católico?
¿Y si estuviese estudiando medicina?
¿Y si no tuviese madre?
Cuantas variables de una misma vida, cuantas historias posibles para una misma persona... Cuantos caminos para tomar, y cuantas oportunidades de equivocarse...
miércoles, 2 de julio de 2014
El principio.
Los relatos largos no son lo mío, pero un día un chico me inspiró a escribir algo más (no os lo toméis como algo relacionado con el amor, más bien tomároslo como que fue un amigo que me animó en una mala época, una persona que me hizo pensar que los finales felices son la recompensa para las historias amargas) a partir de ahí empecé una historia, no os prometo nada con esto, pero aquí está lo que yo denominé el prólogo de esta especie de relato.
Por unos segundos más sus pensamientos se volvieron a llenar
de todo su pasado, de aquello que creía olvidado. Un escalofrío recorrió todo
su cuerpo y notó la piel tanto de sus piernas como de sus brazos de gallina,
abrió los ojos pero solo había oscuridad. Se incorporó ligeramente de su cama,
cogió un paquete de cerillas y encendió una de las velas que había en su
mesita, observó con detenimiento cada uno de los objetos que le permitía ver la
escasa luz de la pequeña vela, como si fuesen nuevos para ella a pesar de ser
los mismos que hacía unas horas. Su respiración estaba acelerada pero poco a
poco se fue normalizando, se frotó los ojos con una de sus manos, aún veía
borroso, la verdad es que por primera vez en varios días había conseguido
dormir aunque fuese un poco, sonrío para sus adentros, significaba un gran
avance para ella.
La casa
estaba en completo silencio, debían de ser las 4 de la mañana, Aine no tenía un
reloj cerca, pero tampoco le importaba en demasía la hora exacta, hacía tiempo
que su vida no dependía de horarios, pocos días antes la tenue luz de la vela
hubiera despertado a su madre, siempre pendiente de cómo se encontraba su
pequeña, siempre alarmándose por la más mínima anomalía en su casa, siempre… No
podía seguir pensando así, era un golpe duro pero ella ya no estaba y Aine no
seguía siendo aquella pequeña de la que tanto cuidaban, si ahora estaba
viviendo sola era por algo, no necesitaba ayuda para superar aquello. Si algo
describía a esta chica a la perfección era su madurez, hacía pocos meses que
había cumplido los 18 años, pero era aún más madura que muchas de las mujeres
ya entradas en años con las que te podrías encontrar en esa ciudad, madura,
inteligente, humilde, soñadora… Siempre comparaba su vida con un cuento de
hadas, quizás no el más feliz, ni tampoco el más emocionante pero eso para ella
era suficiente, pero su cuento de hadas se había cerrado de golpe cuando su
madre se fue, y no solo se había cerrado, sino que parecía que cada una de las
felices historias que en el se narraban se desvanecieron de todos los recuerdos
de la chica.
Suspiró e
intentó olvidar aquellas cosas que la rondaban a esas horas, en el silencio
solo se escuchaba el tic tac del reloj de pared que colgaba al otro lado de la
habitación, la vela poco a poco se iba consumiendo, se echó en la cama sin
apagar y se tapó con las sábanas, su frío tacto la hizo estremecerse cuando
se posaron sobre sus piernas desnudas de nuevo, sintió el confort de la almohada
en su cabeza de nuevo, y cerró los ojos, cuando los volvió a abrir horas después
se sintió mejor, la habitación estaba iluminada en su mayor parte con la tenue
luz que entraba por la ventana, la vela se había acabado y solo quedaba un poco
de cera, ya fría, sobre el plato en el que se encontraba anteriormente.
Se desperezó
y se levanto de la cama, sintió un olor que le resultaba familiar, olía a una
mezcla de queso y frutas del bosque, se asomó a la ventana corriendo un poco la
cortina y vio que estaban construyendo diferentes puestos a lo largo de la
calle, hizo una serie de cuentas mentales y se dio cuenta ¡el solsticio de
verano! Después de todo casi lo había olvidado, había pasado más tiempo del que
ella pensaba sin salir de esa casa, sin apenas dormir ni alimentarse, decidió
poner fin a esa costumbre y se dirigió al baño para asearse un poco, al ver su
reflejo en el espejo se horrorizó, su cara estaba pálida y en ella resaltaban
unas muy marcadas ojeras, sus pómulos eran diferentes, no tenía aquellas
regordetas y sonrojadas mejillas que le caracterizaban tan bien, y su precioso
y ondulado pelo anaranjado parecía un nido hecho por pájaros cansados, ni si
quiera resaltaba una sola de sus pecas en esa cara, y sus ojos oscuros parecían
de luto. Su cuerpo estaba diferente también, sobre todo su postura, “una
señorita debe caminar erguida” dijo una voz en su cabeza, “vamos levanta esa
barbilla y sonríe deja, que todos vean ese brillo de esos preciosos ojos
marrones”. Sonrió, porque a pesar de todo sabía que ella seguía ahí y lo último
que quería era ver como la decadencia llenaba la vida de su única hija.
viernes, 6 de junio de 2014
Dudas, adiós, repetición...
Vivir con miedo, mentiras y palabras vacías, sentimientos enterrados y sonrisas que se desvanecen en cada sílaba que salen de sus labios.
¿Sonreír?
Vivir una ilusión un espejismo, sentir unas menos sobre tus hombros bajando por tus brazos.
Escalofríos.
No es la primera vez, ni la segunda ni la tercera, no será la última y eso pone en tensión cada uno de tus músculos, suspiros, desesperación...
¿Qué he hecho mal?
¿Qué has hecho mal?
¿Qué hemos hecho?
¿Qué deberíamos hacer?
Morir, renacer, reinventarse, sentir sin saber, sin saber que hacer sin saber como expresarse, como vivir como sonreír como volver a sentir.
¿Sentir?
¿Qué?
¿Por qué?
¿Cuándo?
¿Quién eres?
¿Quién soy?
Me despido quedándome aquí, no puedo volver.
No voy a pedir perdón, no puedo pedir perdón.
No quiero pedir perdón.
No te vayas, pero nunca vuelvas a mi lado.
¿Sonreír?
Vivir una ilusión un espejismo, sentir unas menos sobre tus hombros bajando por tus brazos.
Escalofríos.
No es la primera vez, ni la segunda ni la tercera, no será la última y eso pone en tensión cada uno de tus músculos, suspiros, desesperación...
¿Qué he hecho mal?
¿Qué has hecho mal?
¿Qué hemos hecho?
¿Qué deberíamos hacer?
Morir, renacer, reinventarse, sentir sin saber, sin saber que hacer sin saber como expresarse, como vivir como sonreír como volver a sentir.
¿Sentir?
¿Qué?
¿Por qué?
¿Cuándo?
¿Quién eres?
¿Quién soy?
Me despido quedándome aquí, no puedo volver.
No voy a pedir perdón, no puedo pedir perdón.
No quiero pedir perdón.
No te vayas, pero nunca vuelvas a mi lado.
viernes, 2 de mayo de 2014
Pura magia.
Antes:
Sientes esa sensación que llena todo tu cuerpo y no consigue que te pares quieta, que un montón de pensamientos ronden tu mente cuando solo tienes que pensar en una sola cosa, caminas nerviosa, subes y bajas las escaleras, te miras al espejo, te peinas por decimocuarta vez, sonríes al espejo, miras la hora, quedan 5 minutos, miras la hora de nuevo y aún siguen quedando 5 minutos, no hace ni unos segundos que has mirado el reloj pero estas nerviosa... Caminas por el escenario, el telón está bajado y oyes a la gente al otro lado, no oyes nada concreto solo un montón de cuchicheos "han abierto el primer piso de palcos" dice una voz cerca de ti, te pones aún más nerviosa, suena el primer ring, cada vez queda menos te sientas y respiras hondo, intentas calmarte, no es la pimera vez que lo haces, pero siempre estás igual. Respiras hondo, suena el mismo timbre, está vez dos veces la misma voz de antes dice "el segundo palco también", tu corazón se pone a mil, suspiras, ahí están todos, tus padres, tu abuela, tus amigos, tu hermano, tus primos, compañeros de clase, gente que ni si quiera conoces y oh, sí, también está tu vecino del quinto. Abrazas a todo tu grupo en el escenario, todos juntos sois una piña saltáis y gritáis: "¡Mierda, mierda, mierda, mierda". El mismo timbre de antes vuelve a sonar, esta vez 3 veces, se apagan las luces, la gente murmura, se sube el telón, se hace el silencia una luz ilumina la escena, todo va a empezar y ahora, justo ahora respiras hondo y te sientes tan relajada como si estuvieses echada en tu cama después de comer. La sensación de tranquilidad era algo inimaginable para ti y ahora sonríes y miras como tus compañeros hacen lo que tu harás un par de escenas más tarde, sonríes y sabes que como siempre, como de costumbre, todo va a ir bien.
Durante:
Cuando estás sobre el escenario sientes todo mil veces más de lo normal, sienes cualquier ruido que suena entre el público, sientes a tus compañeros hablando "entre bambalinas" sientes tu respiración y el latir de tu corazón como si fuese el sonido ambiente. Todo empieza, tu hablas te mueves, los que están contigo hacen lo mismo y justo ahí te conviertes en otra persona, las palabras salen solas de tu boca, los gestos son la cosa más natural del mundo, no eres tu, eres tu personaje, si tu personaje se enfada sientes esa ira, si tu personaje está triste se te llenan los ojos de lágrimas, si tu personaje tiene miedo tiemblas, eres otro y sientes una sensación que no es comparable a ninguna otra. Si el público se ríe cuando sueltas algún chiste o pasa una situación graciosa en escena te reconfortas, ante el silencio del público te sientes bien, sabes que tienes su atención y tienes que dar lo mejor de ti, disfrutar y hacer que ellos disfruten.
Después:
Y todo se acaba, todo tiene su fin, ya no eres ese personaje, eres tu, saludas al público sonriendo, aplauden, has hecho algo que les ha gustado, les ha hecho reír, o pensar, o llorar, o sentirte como tu te sientes, les has hecho vivir una nueva experiencia, esa sensación te llena por dentro y te sientes completamente realizada ante sus aplausos, ya todo te da igual en ese preciso instante incluso abrazarías a tu peor enemigo si estuviese ante ti... aguantas las lágrimas que de camino a tu camerino intentas disimular como buenamente puedes...
Magia, eso es pura magia. Nunca has experimentado mejor sensación, nunca has tenido tal privilegio y nunca encontrarás nada que se parezca a ello, por lo tanto nunca dejes de hacer lo que te llena, algún día te lo agradecerás a ti misma.
Sientes esa sensación que llena todo tu cuerpo y no consigue que te pares quieta, que un montón de pensamientos ronden tu mente cuando solo tienes que pensar en una sola cosa, caminas nerviosa, subes y bajas las escaleras, te miras al espejo, te peinas por decimocuarta vez, sonríes al espejo, miras la hora, quedan 5 minutos, miras la hora de nuevo y aún siguen quedando 5 minutos, no hace ni unos segundos que has mirado el reloj pero estas nerviosa... Caminas por el escenario, el telón está bajado y oyes a la gente al otro lado, no oyes nada concreto solo un montón de cuchicheos "han abierto el primer piso de palcos" dice una voz cerca de ti, te pones aún más nerviosa, suena el primer ring, cada vez queda menos te sientas y respiras hondo, intentas calmarte, no es la pimera vez que lo haces, pero siempre estás igual. Respiras hondo, suena el mismo timbre, está vez dos veces la misma voz de antes dice "el segundo palco también", tu corazón se pone a mil, suspiras, ahí están todos, tus padres, tu abuela, tus amigos, tu hermano, tus primos, compañeros de clase, gente que ni si quiera conoces y oh, sí, también está tu vecino del quinto. Abrazas a todo tu grupo en el escenario, todos juntos sois una piña saltáis y gritáis: "¡Mierda, mierda, mierda, mierda". El mismo timbre de antes vuelve a sonar, esta vez 3 veces, se apagan las luces, la gente murmura, se sube el telón, se hace el silencia una luz ilumina la escena, todo va a empezar y ahora, justo ahora respiras hondo y te sientes tan relajada como si estuvieses echada en tu cama después de comer. La sensación de tranquilidad era algo inimaginable para ti y ahora sonríes y miras como tus compañeros hacen lo que tu harás un par de escenas más tarde, sonríes y sabes que como siempre, como de costumbre, todo va a ir bien.
Durante:
Cuando estás sobre el escenario sientes todo mil veces más de lo normal, sienes cualquier ruido que suena entre el público, sientes a tus compañeros hablando "entre bambalinas" sientes tu respiración y el latir de tu corazón como si fuese el sonido ambiente. Todo empieza, tu hablas te mueves, los que están contigo hacen lo mismo y justo ahí te conviertes en otra persona, las palabras salen solas de tu boca, los gestos son la cosa más natural del mundo, no eres tu, eres tu personaje, si tu personaje se enfada sientes esa ira, si tu personaje está triste se te llenan los ojos de lágrimas, si tu personaje tiene miedo tiemblas, eres otro y sientes una sensación que no es comparable a ninguna otra. Si el público se ríe cuando sueltas algún chiste o pasa una situación graciosa en escena te reconfortas, ante el silencio del público te sientes bien, sabes que tienes su atención y tienes que dar lo mejor de ti, disfrutar y hacer que ellos disfruten.
Después:
Y todo se acaba, todo tiene su fin, ya no eres ese personaje, eres tu, saludas al público sonriendo, aplauden, has hecho algo que les ha gustado, les ha hecho reír, o pensar, o llorar, o sentirte como tu te sientes, les has hecho vivir una nueva experiencia, esa sensación te llena por dentro y te sientes completamente realizada ante sus aplausos, ya todo te da igual en ese preciso instante incluso abrazarías a tu peor enemigo si estuviese ante ti... aguantas las lágrimas que de camino a tu camerino intentas disimular como buenamente puedes...
Magia, eso es pura magia. Nunca has experimentado mejor sensación, nunca has tenido tal privilegio y nunca encontrarás nada que se parezca a ello, por lo tanto nunca dejes de hacer lo que te llena, algún día te lo agradecerás a ti misma.
jueves, 10 de abril de 2014
Maldita telebasura.
Desperté no sé por qué en ese momento pero desperté, miré la hora en el móvil: las cinco de la mañana "joder", pensé,maldito insomnio, creí que hoy por fin había conseguido dormir algo, peor no, no fue ni una hora la que me pasé "soñando" en esa cama. Miré a la derecha y ahí estaba el, dormido como un tronco, como siempre, y roncaba vaya que si roncaba, era espantoso, nunca me había gustado dormir sola pero él a veces me amargaba. Cogí una manta y me fui al salón, me hice un café y me eché en el sofá a ver la tele. Mierda, no había más que mierda a esas horas, tarot, telebasura, programas de llama y gana, la teletienda, incluso algo de porno barato... Me decidí por el tarot, quizás podría reírme un poco viendo como estafan a un montón de gente que tiene una vida peor que la mía, o eso solía imaginar. Cansada de las historias de los demás decidí llamar, supongo que nunca está de más saber hasta que punto es mentira todo eso que dicen. No esperaba ni que me lo cogieran, tras varios minutos de espera sentí un "hola" en el teléfono que unos segundos después sonó en el televisor, así que bajé el volumen y contesté a la llamada.
-Hola.
-¿Cómo es tu nombre?
-Daniela.
Resoplé.
-Daniela... Quizás si no tomases tanto café tu insomnio disminuiría.
Me quedé helada mirando la taza que sostenía en mi mano izquierda.
-¿Qué quieres? - Dijo aquel hombre de forma casi inmediata- Amor, dinero, trabajo...
-En general- dije ya con algo de intriga - ¿Qué ves?
-Un chico, veo un chico fantástico que no te dará ningún problema - reí pensando que se equivocaba, claro que me da problemas, ronca, pero claro, eso era una tontería al fin y al cabo - y no cielo -siguió- ella no va a volver, aprovecha cada momento a su lado si aún tienes tiempo...
-Ella... -dije con la voz temblorosa, mi hermana estaba enferma desde hace ya unos meses, pero era imposible que él lo supiera - ¿Quién es ella?
-Lo sabes cielo, lo sabes de sobra - continúo - no hablaré más del tema, sé que no quieres, quieres dormir pero no puedes olvidarlo, no sabes... Pero después de la tormenta siempre llega la calma y tu calma será maravillosa emprenderás una nueva vida...
Colgué. Tenía miedo y los ojos llorosos. Colgué y apagué la televisión, dejando la taza de café que tenía en la mano sobre la mesa y acurrucándome en el sofá bien tapada. Sentí unos pasos viniendo al salón por el pasillo, era él, me hice la dormida. Entró y me besó en la mejilla y me susurró algo que no acabé de comprender, dio un sorbo al que era mi café y encendió la tele.
-Esperemos que nuestra compañera Daniela esté bien - dijo aquel adivino que segundo antes estaba viendo - y que cuide mucho a ese chico de ojos verdes.
-Coño - dijo mi chico - ni que hablara de nosotros dos.
Me miró cuando lo dijo, porque sabía que en verdad no estaba dormida, se echó en el otro sofá mientras cambiaba de canal para buscar algo interesante, pero encontró lo mismo que yo... Un montón de telebasura.
-Hola.
-¿Cómo es tu nombre?
-Daniela.
Resoplé.
-Daniela... Quizás si no tomases tanto café tu insomnio disminuiría.
Me quedé helada mirando la taza que sostenía en mi mano izquierda.
-¿Qué quieres? - Dijo aquel hombre de forma casi inmediata- Amor, dinero, trabajo...
-En general- dije ya con algo de intriga - ¿Qué ves?
-Un chico, veo un chico fantástico que no te dará ningún problema - reí pensando que se equivocaba, claro que me da problemas, ronca, pero claro, eso era una tontería al fin y al cabo - y no cielo -siguió- ella no va a volver, aprovecha cada momento a su lado si aún tienes tiempo...
-Ella... -dije con la voz temblorosa, mi hermana estaba enferma desde hace ya unos meses, pero era imposible que él lo supiera - ¿Quién es ella?
-Lo sabes cielo, lo sabes de sobra - continúo - no hablaré más del tema, sé que no quieres, quieres dormir pero no puedes olvidarlo, no sabes... Pero después de la tormenta siempre llega la calma y tu calma será maravillosa emprenderás una nueva vida...
Colgué. Tenía miedo y los ojos llorosos. Colgué y apagué la televisión, dejando la taza de café que tenía en la mano sobre la mesa y acurrucándome en el sofá bien tapada. Sentí unos pasos viniendo al salón por el pasillo, era él, me hice la dormida. Entró y me besó en la mejilla y me susurró algo que no acabé de comprender, dio un sorbo al que era mi café y encendió la tele.
-Esperemos que nuestra compañera Daniela esté bien - dijo aquel adivino que segundo antes estaba viendo - y que cuide mucho a ese chico de ojos verdes.
-Coño - dijo mi chico - ni que hablara de nosotros dos.
Me miró cuando lo dijo, porque sabía que en verdad no estaba dormida, se echó en el otro sofá mientras cambiaba de canal para buscar algo interesante, pero encontró lo mismo que yo... Un montón de telebasura.
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